Principio filosófico.

Naces con un ego limpio. En muy poco tiempo te lo rellenan a piezas: la familia, la escuela, la religión y la aprobación de los demás. Y tú mismo vas añadiendo las que faltan por necesidad o miedo. Ese armazón es lo que te hace consciente de ti mismo. Es tu configuración como humano y la primera vez que puedes decir la palabra "yo".

Entre esas piezas viene ya cargado un catálogo entero de lo que está bien y lo que está mal, y ese catálogo tampoco es tuyo.

El bien y el mal no son verdades universales, son acuerdos sociales que cambian según el contexto histórico y quién los dicta. Debajo de todo eso, cuando te atreves a quitar las piezas, queda un código propio, mucho más simple y mucho más firme: un instinto puro, mal llamado "primitivo", porque aunque sea primordial, es más complejo que las capas que lo recubren. Eso sí es tuyo. Lo otro no lo es.

Con un armazón hecho de piezas que no son tuyas, la incoherencia es inevitable: dices una cosa, piensas otra y haces una tercera distinta de las dos anteriores, y ni siquiera te das cuenta, porque esas piezas no están pensadas para encajar entre sí, sólo para sostenerte un tiempo mientras buscas otras para sentirte mejor.

Mirar la grieta de la incoherencia duele, así que la mayoría prefiere no mirarla: vive anestesiada, mediocre, egoísta, amable por cortesía pero hipócrita en el fondo, porque cuestionar el propio armazón asusta, y luego requiere esfuerzo y trabajo.

Esa anestesia generalizada en la gente no nace sola, se cría. Si esa persona tiene hijos, todo esto se multiplica por cien, porque la familia, hoy en día, es una institución enajenada, sobreprotectora y tremendamente avariciosa, que ensucia la vida en comunidad y la sociedad: en vez de soltar al hijo hacia el mundo, lo cría dentro del mismo caparazón que a ella la encerró, generación tras generación, criando ejércitos de enfermos mentales.

Pero si te fijas en nuestros compañeros de este planeta, vas a ver mucha verdad en ellos. Los animales no cargan con nada de esto: actúan desde el instinto puro, sin la capa de autoimagen distorsionada que lleva el ser humano encima. Por eso son más coherentes que casi cualquier persona que vas a conocer, no por ser simples, sino por no tener nada que traicionar.

Y mientras el ser humano se pierde dentro de su ego enfermo, discutiendo consigo mismo sobre quién se supone que es, el tiempo sigue corriendo igual para todos, hombre o animal. Y es que esta vida es la única que vas a tener. Nadie relevante ha vuelto de la muerte para confirmar qué hay después, y todo el circo del cielo, infierno, pecado y moral impuesta, existe para que sigas quieto, sumiso y esperando una recompensa que nunca vas a comprobar.

Yo no espero a morir para comprobarlo. En meditación profunda he llegado a ese mismo sitio en vida, y esto no lo creo por fe, lo he vivido de primera mano: ese mismo ego que te sostiene todos los días se disuelve en cuanto dejas de alimentarlo. Ahí debajo no hay ni tu nombre ni tu historia, sólo hay realidades y experiencias que el ser humano debe descubrir por sí mismo, porque la puerta que se abre te da acceso a conectarte con las verdaderas fuerzas universales y todo su poder. Pero antes de morir, la inmensa mayoría no construye nada y se disuelve sin más.

Saber todo esto no sirve de nada si te quedas quieto. El mundo está lleno de gente que entendió el juego y aun así no hace nada al respecto, atrapada entre dos aguas, condenada a la misma mediocridad que el rebaño del que cree haberse escapado. Ver el armazón no basta: hay que desmontarlo y construir algo propio en su lugar, y eso exige ambición, esfuerzo real y dolor. La comodidad es sólo otra forma de quedarse dormido, anestesiado o drogado.

Reeducar el propio ego es la tarea más urgente que tiene cualquier persona que quiera dejar de vivir enajenada.

Y hay que empezar por contar la verdad.


Las 13 Verdades Universales de Mahersaud.

Esto es un resumen de las trece verdades universales.

Para entender el mundo hay que empezar por la base, por unos cimientos de verdad sobre los que levantar todo lo demás. No son un dogma ni piden fe: son objetivas y cualquiera puede comprobarlas con los ojos abiertos. Son la base de la unión entre la vida de un ser y su entorno, por eso siete hablan del ser vivo y seis del mundo que habita. Quien construye ignorándolas, construye sobre arena.

 

DEL SER VIVO

 

1. Todo ser vivo quiere vivir. Una planta que gira hacia la luz, un animal que huye, una persona que se aferra a un día más: formas distintas de lo mismo. Si el deseo más profundo de todo ser vivo es seguir, cada día desperdiciado es un día que no vuelve.

2. Todo ser vivo rechaza el sufrimiento. El dolor existe para que el ser vivo se aparte de lo que lo destruye. Aceptar un dolor a cambio de algo mayor no lo contradice: se acepta el precio, no se busca el dolor.

3. Todo ser vivo busca el placer. Si el dolor aparta de lo que destruye, el placer acerca a lo que sostiene. Es el otro motor de la vida, y ninguna moral ha conseguido apagarlo nunca.

4. Todo ser vivo tiene derecho natural a defenderse o atacar ante una amenaza real. Nadie lo concedió y nadie puede quitarlo: aparece con la vida misma. Pero la amenaza tiene que ser real; dañar por capricho, por diversión o por negocio no es defensa.

5. Todo ser vivo necesita perpetuarse más allá de sí mismo. La vida individual es corta, y toda la vida se organiza para que algo de ella continúe. En el ser humano puede ser un hijo, una obra, una idea o un legado.

6. Todo ser vivo depende de un entorno adecuado para desarrollarse. Sacado de su entorno, o con el entorno degradado, se debilita, enferma o muere. El ser humano no es una excepción: sobrevivir en cualquier parte no es desarrollarse con salud.

7. Todo ser vivo termina. Sin excepción. Ni por tamaño, ni por fuerza, ni por inteligencia, ni por dinero. Quien la ignora vive como si tuviera tiempo de sobra; quien la mira de frente decide en qué gasta lo que le queda.

 

DEL MUNDO QUE HABITA

 

8. Todo está interconectado. Nada existe solo: los árboles alimentan el suelo que los alimenta y dentro de tu cuerpo viven billones de microorganismos sin los que no digieres. El ser humano que se cree aparte del resto de la vida es el que más daño hace a esa red, y acaba dañándose a sí mismo.

9. Todo sigue ciclos. El día y la noche, las estaciones, las mareas, la respiración. Lo que parece una línea recta es un ciclo demasiado largo para verlo entero.

10. Todo se transforma. Nada sale de la nada ni desaparece del todo: cambia de forma. La madera que arde se vuelve calor y ceniza, y el cuerpo que muere alimenta lo que viene después.

11. Todo depende de algo externo para sostenerse. Una estrella necesita combustible, un río lluvia, una persona aire, agua y comida que no fabrica. Madurar consiste en identificar de qué depende uno y elegir bien de qué quiere depender.

12. Todo tiende al desorden si no recibe energía y orden. Una casa abandonada se deteriora, un cuerpo sin cuidado se debilita, una mente sin disciplina se dispersa. El orden hay que pagarlo cada día: el esfuerzo es física antes que virtud.

13. Todo lo que empieza, acaba. Las montañas, las estrellas, los imperios, las especies, las relaciones. Lo que no dura para siempre hay que vivirlo mientras dura.

Estas trece verdades no piden que creas en ellas. Solo piden que las mires.

 

LA SINGULARIDAD HUMANA

 

El ser humano no está exento de ninguna de las trece, pero tiene algo que ningún otro ser vivo tiene: una conexión integral de cuerpo, mente y espíritu, ligada al verdadero origen del ser humano. Por ella es la especie más avanzada y compleja del planeta, y también la más desvirtuada y corrompida, la única capaz de vivir de espaldas a estas verdades. La singularidad no se pierde: se desconecta. Y lo que se desconectó puede volver a conectarse.


El Origen del Ser Humano.

La singularidad humana está ligada al verdadero origen del ser humano.

¿De verdad crees que el mundo está preparado para saberlo?

Es una verdad que, difundida en el momento adecuado, puede marcar un antes y un después y cambiar de raíz el paradigma de la vida.

Te doy mi palabra. Palabra de Mahersaud. Prometo no sólo contar cuál es el origen del ser humano, sino demostrarlo con pruebas visibles.

Sólo hay un problema. Puede parecer conspiranoico, pero es muy real: todo aquel que difunde esta verdad y la lleva más allá termina desaparecido, muerto en circunstancias extrañas o aplastado por el aparato del Estado.

Te seré sincero. Mi plan es difundirla cuando tenga una comunidad muy grande, un gran respaldo y cierta influencia. Sólo así podré amortiguar lo que venga después. Aunque, mientras escribo esto, todavía lo estoy meditando.

Aun así, te doy mi palabra. La difundiré. De una manera u otra, pero lo haré.

Quiero agitar el avispero del mundo antes de abandonarlo. Va siendo hora que alguien intente llegar más lejos.